LA CANCIÓN DEL NOVILLO

 

¡Oh, toro de fuego de San Sebastián!
¡Que seas feliz!

Son, son toros
y son muy negros,
de cuernos afilados y rabo corto.
Si te atrapa uno,
allí, allí mismo
te ha de matar.

Ya ha salido el toro desde los arcos,
echando chispas por detrás,
a trompicones
y dando vueltas
entre la gente.
¡Qué desorden en aquella barahúnda!
¡Cuántos gritos! ¡Qué jaleo!
Toda la gente anda
a ciegas
y a empujones.

¡Oh, Vos, creador de este toro
seáis lleno de gloria!
Las jóvenes damitas y los finos galanes
están que no pueden ni echarse una mirada.
Bajo los arcos,
¡cómo se esfuerzan
en espiarse!

Ante el toro de fuego
¡Qué apurados
se ponen,
unos y otros
queriendo huir de él!
¡Oh, toro bravo, que rezumas centellas,
cuánto agobio por tí!

Van a comenzar las ruedas fogosas;
ya han subido el toro de fuego a la tarima.
Numerosas luces y bombillas de fuego
saltan al aire.

¡Qué bonitas son,
cuando, mirando al ser querido,
aparecen
de improviso,
ante nuestros ojos!
¡Oh, sí, son tan chispeantes
esas luces con corazón de fuego!

Felicidades, toro de fuego
invención de los donostiarras,
fiesta excelente
para jóvenes
y viejos.
Si la gente no tiene pereza,
que no se quede sin acudir a la plaza.
reiros,
bailad ligeros
y divertiros mucho.
¡Que te vaya bien con el hermoso toro de fuego
y que seas feliz, tanto hoy como siempre!

(Serafín Baroja)